
El Yoga me ha enseñado que, antes de avanzar, a veces es necesario volver
El camino comienza al bajar el ritmo, respirar y volver al cuerpo. Con humildad. Con respeto. Como un ancla.

Para mí, el Yoga es un camino que me guía en el día a día. Ha sido un faro que ilumina un horizonte todavía desconocido y, a veces, oscuro, especialmente en esta etapa en la que estoy redefiniendo la forma en que elijo estar en el mundo.
Es en la sencillez de los movimientos sincronizados con la respiración donde encuentro un equilibrio sutil y libero emociones guardadas en el cuerpo. Paso a paso, con enfoque en el momento presente.
Es también en esta práctica donde, por unos instantes, desconecto mi mente tan racional, esa que busca incesantemente razones, explicaciones, sentidos, conceptos, argumentos y estructuras.
Es un espacio para simplemente Ser.
Es también ahí donde comprendo que la humildad de la verdad del cuerpo es, para mí, un ancla esencial.
Cada vez creo más que el primer paso es ofrecer seguridad al cuerpo. Cuidarlo con atención, presencia y amabilidad. Con cariño y respeto. Este cuerpo que tantas veces sufre por las miradas ajenas, por el juicio externo e interno, por los ideales estéticos impuestos por la sociedad y por las expectativas sobre lo que significa estar sano.
La verdad es que, muchas veces, la mente quiere avanzar, lograr más, compararse o superar algo o a alguien. Pero el cuerpo pide otro ritmo. Y el cuerpo no miente.
Cuando calmamos las fluctuaciones de la mente y nos permitimos simplemente Ser, es ahí donde pueden surgir muchas de las respuestas que buscamos.
Creo que todo comienza respirando con presencia, creando espacio para liberar tensiones, dejando ir aquello que ya no nos sirve, acogiendo lo que sentimos y, desde ahí, volviendo a lo esencial… a nuestra esencia.
Encontrar aquello que es verdaderamente nuestro, sin máscaras, sin escudos ni estrategias.
Practicar Yoga no requiere posturas complejas ni seguir reglas rígidas, limitantes o dogmáticas.
Creo en la sencillez de las acciones cotidianas, de las posturas sobre la esterilla, de la respiración vivida con presencia y de una forma de mirar la vida que de manera sencilla: apreciar los pequeños detalles de cada día, encontrar belleza en lo cotidiano y cultivar una conciencia de nosotros mismos, de los demás y del mundo, basada en la humildad de cada paso que damos.
Y eso... también es Yoga.
Namasté :)
Daniela