
El equilibrio entre planificar y permitir que la vida suceda
El ritmo de la vida actual muchas veces nos deja poco espacio para simplemente ser y nos presiona a planificar constantemente

Tener preparados varios planes de acción puede ser una forma de intentar controlar el futuro, anticipar lo que puede suceder y, así, minimizar los posibles riesgos o daños. Una estrategia para afrontar la ansiedad y el miedo a lo desconocido, aquello que no podemos controlar.
Puede existir una parte de nosotros que tiene miedo a la imprevisibilidad, que siente dificultad para soltar el control y que ha aprendido, de alguna manera, que cuando no controlamos algo peligroso puede suceder.
Y entonces, en un intento de tranquilizarnos, planificamos.
Pero ¿qué ocurre cuando los planes no funcionan?
¿Cuando las circunstancias nos desbordan? ¿Cuando sucede algo tan inesperado que todos los escenarios que habíamos imaginado dejan de tener sentido y, precisamente, aquello que ocurrió no estaba en nuestros planes?
La forma en que reaccionamos será, naturalmente, diferente para cada persona. Pero quizás estas situaciones también puedan invitarnos a mirar nuestra relación con la planificación y el control.
Planificar el día, la semana, los próximos meses, la vida.
Definir objetivos. Cumplirlos. No fallar. No quedarnos atrás. Tener siempre un siguiente paso.
Y, sin darnos cuenta, aquello que comenzó como una forma de proporcionarnos seguridad puede convertirse en una fuente de presión.
No hablo de vivir sin rumbo, de dejar de hacer planes o de renunciar a nuestros objetivos.
Hablo de poder, por momentos o poco a poco, liberarnos de la presión interna de tener que controlarlo todo. Permitirnos no saber. Aceptar que no todo sucederá como imaginábamos. Y darnos espacio para fallar, cambiar de dirección o simplemente parar y ser.
Porque, a veces, el miedo a fracasar puede llegar a ser tan grande que precisamente nos impide arriesgarnos, experimentar o descubrir algo diferente.
La invitación es entonces a parar y observar:
¿Qué peso tiene en ti la necesidad de planificar y anticiparlo todo?
¿Qué ocurre dentro de ti cuando no tienes que resolver nada, decidir nada ni pensar en el siguiente paso?
Prueba, durante unos minutos, a no planificar nada.
Siéntate cómodamente. Respira. Observa lo que surge.
Quizás aparezca inquietud. Quizás ganas de levantarte y hacer algo. Quizás silencio. Quizás nada en particular.
No necesitas cambiar nada.
Puedes simplemente quedarte.
Con los ojos abiertos, contemplando lo que te rodea. O con los ojos cerrados, observando lo que sucede dentro de ti.
Durante unos minutos, no tienes que llegar a ningún sitio.
La invitación es simplemente ser.
Un abrazo,
Daniela